Si hay un dĂa especifico del año que nunca deseo que llegue es el 23 de julio. Es un dĂa lleno de dolor, sufrimiento, llanto y muy malos recuerdos. Pero no es dolor de ese que se quita con una pastillita. Es ese dolor que destruye. Dolor que desgarra el alma. Dolor que se intensifica con cada pensamiento, con cada recuerdo, con cada hora del dĂa que pasa. Es el tipo de dolor que solo quien lo ha sentido comprende. Ese que jamas podrĂas expresar con palabras. Pero no puedo decir que es un dĂa del todo feo, porque un dĂa como hoy el cielo se abriĂł y bajaron hermosos ángeles a vestir de blanco y colocar las alas a nuestro niño, mi otro hijo, Alexander!
Muchos de ustedes me conocen desde la infancia. Otros, hace par de años. Y un par recién llegan a mi vida, Bienvenidos a mi mundo de locura! Se que de alguna manera todos conocen algo sobre mi, pero estoy segura de que pocos, o ninguno, lo saben todo!
Bueno hoy le quiero contar que mi familia creciĂł. El domingo mi esposo y yo nos fuimos con mi hermano y mi cuñada caminar un poco por el pulguero de Mobile, Alabama. El dĂa de los padres ya lo habĂamos celebrado el sábado y ellos solo querĂan caminar un poco.










